jueves, 9 de junio de 2011

Historia

De los griegos al siglo XVIII

Jugada desde tiempo immemorial por pueblos tan diveresos como los mayas, los egipcios o los japoneses llega a nuestras tierras por la tradición grecorromana, como tantos otros de nuestros referentes culturales. En la antigua Grecia abundan los testimonios de la práctica del deporte, solamente diremos que Alejandro Magno se distinguió como un muy buen jugador. En Roma se practicaba univeresalmente, era recomendado por médicos como un ejercicio saludable para todas las edades y condiciones, y lo practicaban el pueblo, los senadores y hasta los mismos Césares (hay que destacar las actitudes de Vespasiano y Alejandro Severo), se fundaron asociaciones y federaciones de competición, apareciendo los jugadores profesionales, que eran admirados por los aficionados.
Extendido por los legionarios en las tierras del Imperio se practicó en Francia, Bélgica, Italia y la Península Iberica a lo largo de la Edad Media con modalidades que equivalen a nuestras llargues y a l'escala y corda, segun el lugar fuera abierto o cerrado.
En la Corona de Aragón el juego de pelota fue muy popular, disfrutando hasta incluso de protección real y siendo regularmente prohibido en diferentes poblaciones, símbolo del poco caso que se hacía de tales prohibiciones.
En la Comunidad Valenciana aparece con los caballeros de la conquista, su practica y popularidad se extendian desde l propio rey (el médico Arnau de Vilanova emulando a los galenos clásicos lo recomendaba al rey Jaime II en 1305) la nobleza, la cúria, el pueblo y los pequeños de cada calle. Esta omnipresencia provocó la aparición de un famoso bando el 14 de junio de 1391, cuando el Consejo General de la Ciudad de Valencia prohibió el juego:
" car per occasió del joch deius escrit se seguien divereses blasfemies en offensa de nostre senyor Deu e de los sants e divereses inyuries de paraula e hecho a les gents anants e stants per los carreres e places de la Ciutat ha novellament establit e vedat que alcuna peresona privada o estranya de qualsevol estament condició o ley sia de edat de X anys a ensus no gos ne presumesca jugar dyns los mures de la dita Ciudad a joch de pelota arruladiça sots pena de XX morabatins dor per cascuna vegada que contrafara. E se sera algu que la dita pena pagar no puxa sera mes en presó e correra la Ciudad ab açot sens tota gracia e remey"
Esta prohibición fue motivo de graves disturbios en la ciudad; aunque se hicieron un montón en Valencia, también hay documentadas prohibiciones en Castellón, Gandía y Alcoy.
Mientras tanto, en Francia en el siglo XV se prohibió la práctica al pueblo bajo, con lo cual la nobleza se reserva el deporte y abundan los aficionados de testa coronada: Luís X, Carlos VIII, Francisco y y Enrique IV fueron remarcables como pelotaris. Un cartel de 1540 rezaba "Bembenutto Cellini, escultor, con faja roja, se enfrentará a Francisco I, rey, con faja azul, esta tarde en el trinquete de Fontainebleau". Bien es cierto que en este momento se introduce la pala, que tendrá un largo futuro asociada a la pelota, cambiando la fisonomia del juego, ya que la dureza de la pelota hacia estragos en las manos de tan delicados deportistas. Más adelante, cuando cambia el orden social con la Revolución, el pueblo rechazará lo que identifica como un juego del enemigo.
Los reyes y nobles castellanos, pendientes como siempre de las modas del otro lado de los Pirineos, se aficionan también a jugar a pelota, que es a lo largo de los siglos XV, XVI, XVII y XVIII el juego más practicado tanto por nobles como por el pueblo, destacando Felip y en la modalidad de pala. Calderón de la Barca escribe al respecto la Faresa famosa del juego de pelota y Goya pinta el conocido Juego de la pelota a pala .
Las limitaciones, multas y prohibiciones junto con la aparición de nuevos entretenimientos hacen que el juego de pelota vaya disminuyendo poco a poco hasta desaparecer de Cataluña, Castilla, Aragón y las Baleares a lo largo de los siglos XVIII y XIX.
La situación al País Valenciano es muy diferente, las prohibiciones del juego en la calle no afectan al juego de trinquete, que mantiene su vigor al lo largo de los siglos, es practicado por lo más florido de la nobleza valenciana en el trinquete del Miracle, o trinquete de Cavalleres, propiedad de los Montagut, o bien en sus trinquetes particulares. En el siglo XVI tenemos documentados los de Centelles, Ciurana, Olcina, Mascó, junto con los del pueblo haciendo un total de 13 trinquetes en Valéncia ciudad. Luís Vives mencionará en sus Dialogos, a los caballeros Borja, Centelles y Cavanilles razonando como buenos entenendidos sobre las ligeras diferencias que Centelles ha visto en los trinquetes de París. Se llega a conceder el monopolio sobre los beneficios de los trinquetes al hospital de la ciudad el 30 de setembre de 1633, lo cual será motivo de pleitos en la década de 1740 con las monjas de la Encarnación, que habían construido y explotado uno enfrente del convento. Este enfrentamiento también tiene su vertiente deportiva. Todavía en el 1741 se repite por enésima vez la prohibición de jugar en las calles, que, claro, era el sitio popular por excelencia para la práctica de nuestro deporte.

Del siglo XVIII a los años sesenta

Com ya hemos visto la pelota fue el juego más practicado en Europa hasta el siglo XVIII (podemos ver la influencia del trinquete incluso en la Revolución Francesa). Hay que decir, sin embargo, que la popularidad fue decayendo y que dejó de practicarse progresivamente. Hoy en dia quedan todavía testimonios de la pasada pujanza del juego en diversos paises, como en Bélgica, Holanda, el norte de Italia, el norte de Francia, donde se continua jugando a llargues.
Es a mediados del siglo XIX cuando los ingless inventan el tenis a partir del juego de pelota e incorporan la raqueta, un instrumento derivat de la pala o la cesta que empleaban los franceses para proteger sumariamente las manos. De su origen practicamente solo nos queda el sistema de puntuación.
A mediados del siglo XIX los vascos dejan de jugar cara a cara para hacer rebotar la pelota contra un frontón, abandonan los tradicionales y homologables rebote y juego largo para practicar cesta y pala, con lo que el los valencianos se convierten en el único pueblo de todo el continente donde perdura la genuina tradición deldeporte de la pelota, que pasa a ser conocida como pelota valenciana. Es éste el momento de máximo esplendor de nuestro deporte, que enorgullece a los practicantes y la afición, que se sienten depositarios de una tradición milenaria, les llargues y el raspall.
El orgullo de los valencianos sin embargo,es muy variable. Los primeros en abandonar el barco seran los nobles, que ya manifiestan tras la guerra de Sucesión una fuerte tendencia a castellanizarse, desertando como jugadores y también como espectadores. Esto nos ofrece un fuerte contraste con Euskadi, donde practican y continuan con interés las incidencias de los frontones.
Deciamos que el siglo XIX es el moment de máximo esplendor de la pelota, con figuras como Roquet de Penáguila, Bandera, Melero, Bota, el Nene, el Paler, el Pilotero.
Se construyen nuevos trinquetes en Valencia: Santa Teresa en 1843, el nuevo del Real en 1853, el de Pelayo en 1868, el de Juan de Mena en 1877. Un testimonio fiel de la transcendencia del juego es el reglamento elaborado por Salvador Cerdá, trinqueter de La Encarnación (aquel trinquete que construyeron las monjas en el 1857). La euforia por el deporte se extendía por todo el Antiguo Reino, Almela y Vives reseña una partida celebrada en Benifayó en diciembre del 1849 que enfrentará a una orilla del Jucar con la otra. Los meridionales estaban representados por Roquet, de Penáguila, Cremades, de Bellreguard, y Sagal, de Petrer, contra Miquelet, de Ribarroja, el Paler, de Torrent, y el Caragol, de Benimámet. Benifayó tenía unos mil habitantes y las cronicas hablan de cuatro mil espectadores.
Una otra partida memorable se jugó en Ondara el 26 de noviembre de 1880 entre jugadores de la Marina y de la Safor, en la que se apostaban sesenta mil reales. Además, tenemos todo el siglo lleno de partidas en las calles y en los trinquetes, por el puro placer de jugar, de hacer deporte, incluso en las comarcas de la Serranía y en la Foia de Buñol.
Los inicios del siglo XX continuan la misma tónica, la práctica del juego por todas partes. Disponemos de abundantes testimonios de los periodicos y folletines satíricos de la epoca. Josep Bru pinta El juego de pelota, Ignasi Pinazo esculpe El saque. La pelota es motivo literario de la época, tanto en poesia como en prosa o en teatro.
No es estrany en una entrada vore al retor asendad en companyia del metje y otros cárrechs oficials, com per eixemple l’alcalde, el mestre y el escolá, tots esperant la partida que ja tarda a escomençar.
Antoni PALANCA HUESO, La partida de pelota, Lo Rat Penat. Sis Florades (1900-1905), Valéncia, 1908.
La innovación de poner cuerda al trinquete, atribuida al mítico Nel de ººMurla, es también fruto de la modernidad del cambio de siglo. Esta modernidad comporta algunos elementos perjudiciales para nuestro deporte, ya que muchos trinquetes son derribados para construir viviendas o, más a menudo, cines. A partir de aquí, tendremos ya la decadencia al final de la cual nos encontramos, de tal manera que la especulación y el franquismo propician la progresiva marginación del juego. La deserción de la burguesia, la expulsión de las calles por la presencia cada vez mayor de automoviles, las construcciones de medidas y materiales poco adecuados (edificios inmensos con ventanales de vidrio), hacen que en los años sesenta desaparezcan las partidas en muchas calles de ciudades o pueblos grandes y que se refugien en los pueblos más pequeños, donde el tráfico y la intolerancia no son tan exigentes. hasta llegar a la eclosión del futbol, que eclipsa casi por completo el juego de pelota.

El juego en la actualidad

Para finalizar este breve recorrido por la historia de la pelota haremos un repaso a lo más representativo de la trayectoria deportiva del siglo XX. Veremos las principales figuras y los detalles más significativos de los últimos tiempos.
Los inicios de siglo son pletoricos, mucha afición, partidas por todas partes, la ya comentada innovación de la cuerda para complementar la escalera de los trinquetes, etc. La guerra incivil trastocó muchas de las actividades que se hacían y, entre ellas, también la pelota.
La gran figura de los años treinta y uno de los más solidos jugadores de los años cuarenta fue Quart, Albert Arnau de Quart de Poblet. Será después de la guerra cuando aparezca un referente con una larga proyección en la pelota. Juli Palau, Juliet, d’Alginet, fue todo un monstruo, que dominó el juego toda la década de los cuarenta y buena parte de la de los cincuenta, enfrentandose con las figuras Quart, Llíria y Rovellet, hasta que se retiró en el año 68. Todavía hoy es un referente en caballerosidad, educación y buenas maneras, cosa necesaria para un deporte muy mal visto por los bienpensados de la época. Sus desafios múltiples con Quart y Llíria llenaron todos los trinquetes del país. Al ocaso de Juliet le sucede el despuntar de Antoni Reig, Rovellet, de Valencia, otra perfecta personalización del pelotari ideal, tanto en la parte deportiva como en la humana. A tanto llegó su figura que todavía hoy participa activamente en la promoción de nuestro deporte. Diez años más joven es el siguiente gran campeón, Josep Sambenancio, Eusebio, de Riola, que marcó la década de los sesenta con sus duelos con Rovellet. El estilo y la elegancia de Eusebio han perdurado mucho tiempo, así como su larga carrera,  ya que se retiró en una forma física admirable con cuarenta seis años.
Paco Cabanes, Genovés, es por mérito propio merecedor de un apartado particular en este resumen. Su figura llena veinte años de pelota en todas las modalidades. En los últimos años de carrera profesional el nombre de Genovés hay que asociarlo a dos genios emergentes: Fredi y Sarasol, que disfrutaron del placer de enfrentarse con el maestro.
Alfred Hernando, Fredi, de Valencia, ha sido uno de los mejores atletas de todos los tiempos y, si no hubiera coincidido con un fuera de serie como Genovés, habría sido un as, como demostró al proclamarse campeón individual d’escala y corda en el año 87, y al año siguiente en que perdió la final contra Genovés.
Enric Sarasol, de Genovés, ha tenido la gran fortuna de estar en un momento de forma magnífico cuando la edad comenzaba a menguar considerablemente las fuerzas de Genovés, eso le ha convertido en el actual campeón indiscutible, con seis títulos individuales.
Desde los años treinta han cambiado mucho las circunstancias del juego, las normas y variantes del juego se mantienen exactamente igual, han aparecido carrers artificials para jugar a pelota sin problemas y son ya muchos los pueblos que han creado escuelas de pelota. La Federación de pelota Valenciana se desligó de la estatal (que recoge las variantes vascas) en el año 85, organizando a partir de este momento las competiciones, regulando y homologando normas y medidas, etc. Poco a poco, el deporte ha ido recuperandose, ganando incluso la atención de la televisión, instituciones públicas y privadas que financian competiciones de alto nivel, tanto para profesionales como para aficionados, Se hacen competiciones internacionales y la galeria de figuras que hemos apuntado ha ganado muchos aficionados para la pelota valenciana. Hay que mirar también hacía los pueblos, que tantos años han estado preservando la tradición y que hoy continuan proveyendo de profesionales los circuitos y torneos de toda la Comunidad Valenciana. La gran esperanza está ahora en las escuelas, donde está previsto hacer la pelota asignatura obligatoria para que todo el mundo conozca este deporte como parte fundamental de la cultura valenciana.
A pesar de todos los esfuerzos realizados, hace falta todavía un impulso bien grande para que nuestro deporte llegué donde tiene que estar. Sin crear afición, está condenado a un papel secundario, a ser siempre el pariente pobre de deportes inmensamente más ricos.

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